
Al contado*
El imbécil se creía dueño de un arcoíris vinílico
y de mi alma gris.
Esta nostalgia trae el sabor de alguna canción que sin duda me recuerda a ese hombre. Escapó bajo la lluvia, mientras los autos se quedan suspendidos tras la luz roja que invade el pavimento.
En esta historia no existen huidas, ni bienvenidas postergadas, sólo este cansancio que nos dejó atrapados en el silencio, se lo dije, siempre se vive bajo una eterna búsqueda.
Caminar bajo la lluvia no es motivo para sentir lástima por nadie, mucho menos en esta ciudad que se desangra todas las noches.
La espera de una llamada inconclusa se ve acompañada de Al contado de Omar Navo, desde sus inicios pareciera que el libro trajera un soundtrack específico para terminar emborrachándose en la primer cantina, para acentuar la herida y seguir las huellas de cada uno de los personajes.
Dos caguamas para el alivio, las demás serían por puro placer...
Tarareo la canción de Gaspior Madrigal, como si mi timbre de voz fuera el que penetra bajo su puerta. Me solidarizo con Navo y repito: Cuando un solitario se va nunca quieras regresarlo. Las llamadas a distancia en ocasiones pueden ser buen bálsamo para el hastío, digo que el norte es el sendero a este idilio clandestino.
-No te vayas, novia mía -le dijo el tipo a su morrita.-Sí, es que tengo que llevar a mi perrita al veterinario...Se quedó solo, pero desde mañana se convertiría en el mataperros más famoso del país. Empezaría por la perra de su novia.
Tu ausencia era anunciada por la voz de una contestadora. Posé la mirada hacía el retrato de Monclova y supe que todo había terminado, a mitad del silencio Gaspior entonaba:
Te me fuiste cuando más jodido estaba, cuando más yo te necesitaba, ya todo lo que tuve se me fue, si tú también te vas, me lleva la chisteza, no dejes que me muera en el alcohol si tienes un camión, empéñalo y regresa.
* Gámez Navo Omar. Al contado. La Cábula. México. 2009





